18 años de matrimonio abierto: cómo una pareja decidió romper las reglas y encontró más estabilidad

Molly Roden Winter, autora estadounidense de 53 años, lleva casi dos décadas en un matrimonio abierto con su esposo Stewart tras un encuentro casual en un bar hace 18 años. Lo que comenzó como una crisis potencial se convirtió en una decisión deliberada de abrir la relación, un proceso que ella describe como complicado al principio pero liberador con el tiempo. En su libro recientemente publicado en español, Winter reflexiona sobre los celos, la comunicación y cómo mantener la estabilidad en una relación no tradicional.
Lo que pudo haber sido el fin de un matrimonio terminó siendo su reinvención. Molly Roden Winter y su esposo Stewart llevaban ocho años casados cuando ella conoció a alguien más en un bar. Lo interesante no fue lo que pasó esa noche, sino cómo ambos decidieron manejar lo que vino después. En lugar de dejar que los celos destruyeran su relación, eligieron hacer algo radical: abrir su matrimonio.
Hace dieciocho años que tomaron esa decisión y todavía siguen juntos. Winter, ahora de 53 años, acaba de publicar un libro en español llamado "¡Más!: Memorias de un matrimonio abierto" donde relata toda esa experiencia de forma brutalmente honesta. No se trata de un manual de autoayuda ni de un catálogo de consejos sobre cómo hacer que funcione una relación abierta. Es simplemente su historia, con todos los miedos, incertidumbres y descubrimientos que trajo consigo.
Al principio, Winter admite sin ambages que "los diez primeros años fueron muy complicados". Lo que muchas personas imaginarían como una experiencia liberadora fue en realidad un camino lleno de angustia. Ella tenía miedo de perder a su familia, de perder a su marido al que amaba profundamente, y de ser juzgada por sus hijos. Se sentía atrapada por su rol de madre, una identidad que describe como radical y consumidora. Entonces, cuando Stewart le sugirió explorar relaciones con otras personas, ella experimentó simultáneamente entusiasmo y terror. Al inicio, intentaron establecer reglas muy estrictas: nada de pasar la noche con otras personas, nada de exes, nada de gente del vecindario. Cualquier cosa que pudiera crear intimidad estaba prohibida. Pero como sucede con muchas prohibiciones, terminaron rompiéndolas todas, incluso la que parecía más importante: la de no enamorarse de otra persona.
Lo que cambió todo fue el paso del tiempo. Después de dieciocho años de práctica, como ella lo describe con una pizca de ironía, aprendieron a comunicarse mucho más eficientemente. Ahora tienen una sola regla fundamental: ser honestos entre sí. Ya no intentan controlar lo que el otro hace, sino simplemente estar presentes en las conversaciones que surgen. Winter explica que lo que antes les tomaba semanas de agonía para procesar, ahora lo resuelven mucho más rápidamente. No porque los sentimientos desaparecieran, sino porque desarrollaron herramientas para atravesarlos juntos.
Un giro interesante en la historia es que Winter descubrió, a los veintiocho años, que sus propios padres también habían tenido un matrimonio abierto. Nadie en su familia lo llamaba así, pero funcionaba de manera similar. Esto le dio una validación importante: no era la primera en su linaje en elegir este camino. Su madre, aunque al principio sintieron cierta vergüenza al hablarlo abiertamente, se convirtió en una fuente de sabiduría. El hecho de tener ese modelo cercano le mostró que no era algo extremadamente peligroso ni antinatural.
Respecto a los celos, Winter hizo un descubrimiento importante trabajando en su propia psicología. Los celos, según ella, son frecuentemente una máscara que cubre otra emoción más profunda. En su caso, enmascaraban la inseguridad y el miedo a perder a Stewart. Con el tiempo se dio cuenta de que él no la estaba reemplazando; de hecho, se volvieron más cercanos. Ambos se enamoraron de otras personas, pero siguieron eligiéndose el uno al otro. Hoy, aunque los celos ocasionalmente aparecen, ya no tienen el mismo poder destructivo.
Winter es clara en que no estoy recomendando que todas las parejas abran sus matrimonios como solución mágica. Lo que sí sugiere es que las personas busquen maneras de sentirse más libres dentro de sus relaciones, sean cuales sean esas maneras. Para ella, la libertad sexual fue clave, pero reconoce que para otros podría ser algo completamente distinto. Lo fundamental es tener conversaciones honestas sobre la necesidad humana de libertad y permitir que la pareja sea una persona completa fuera de los roles asignados.
Hoy, con más de cincuenta años, Winter y Stewart mantienen lo que ella describe como una vida sexual mejor que la que tenían al principio. Actualmente ella tiene dos parejas adicionales, pero Stewart sigue siendo su esposo, su compañero de vida, el padre de sus hijos y la persona con quien comparte gastos, decisiones financieras y responsabilidades cotidianas. Las otras relaciones, aunque significativas y alegres, no tienen el mismo peso de la vida real que construyeron juntos. Lo paradójico es que al no ser todo el uno para el otro, paradójicamente tienen una estabilidad y seguridad más sólida. Saben que se eligen mutuamente, no por obligación o por falta de opciones, sino porque genuinamente quieren estar casados.
Fuente original: BBC Mundo - Economía